La mayoría nos damos cuenta del tiempo desaprovechado cuando salimos con el título bajo el brazo. ¿Qué sentido tiene memorizar temas para olvidarlos tras el examen? ¿Aprender consiste en reproducir ideas ajenas o desarrollar un propio pensamiento? En los cursos, ¿los docentes ven estudiantes o sólo números que se evalúan con la suma de más dígitos?
Las críticas hacia nuestro sistema educativo tradicional no son nada nuevas, pero gracias a ellas hay diversos métodos alternativos que ganaron terreno a nivel global y nacional. Tucumán no implica la excepción y, mientras algunas instituciones ya lograron consolidarse, otras recién inician el camino.
En Tafí Viejo, dentro del Centro Integral Comunitario (Santa Fe 1300), se encuentra “Los Nísperos”: una escuela en formación que surgió gracias a la convicción y el esfuerzo de tres profesores. Destinado al nivel inicial y primaria, la propuesta está basada en la modalidad del Instituto Roberto Themis Speroni y propone un aprendizaje sin bancos, uniformes ni puntuaciones.
Ellos nos abren las puertas de su rutina, y nosotros nos aventuramos a una mirada diferente sobre el estudio y los vínculos dentro del aula.
La bienvenida
Con las pilas recargadas (aunque también hay algunos bostezos), los mini alumnos llegan alrededor de las 8 para arrancar pronto la jornada.
Ahí mismo aparece el primer ritual. Para preservar la higiene, antes de ir al salón, ellos deben intercambian sus zapatillas por pantuflas, medias tejidas o crocs. De querer, podríamos incluso andar en ojotas; la única condición es no usar zapatos con dibujitos estereotipados.
Una vez listos, los chicos toman un almohadón del montón y se sientan en el piso para formar entre todos una ronda gigante. Con 38 niños condensados en una sola habitación, lo que sorprende es el silencio.
“En lugar de izar la bandera, nosotros nos saludamos y cantamos canciones con la guitarra. En ocasiones, también practicamos ejercicios de estiramiento corporal”, comenta la maestra Ana Paula Pelli. Al terminar, un estudiante pasea por el círculo y cuenta cabeza por cabeza (cómo si fuera el Pato ñato) cuántos presentes hay.
En un plano mayor, la modalidad descarta el personal de limpieza y cargos administrativos. Esas funciones son también llevadas a cabo por los docentes, en colaboración de los estudiantes y tres estudiantes de Magisterio que hacen sus prácticas.
Primera hora
Con una sincronía perfecta, el círculo se divide en tres grupos (nivel inicial, primer y segundo ciclo) con un profesor cada uno. Esta vez, en el primer módulo toca Lengua.
La historia de “Pulgarcito” y dibujos al óleo, una investigación sobre las mariposas perro del naranjo y un análisis de una obra literaria clásica... aunque el espacio físico siempre es compartido, cada quien permanece absorto en lo que le corresponde.
“Uno de los pilares consiste en trabajar en formato reducido (con menos de 20 alumnos) para evitar que se pierda el contacto y la cercanía. Ellos tampoco traen útiles escolares personales, sino que las pinturas, fibras, lápices y hojas las proporcionamos nosotros y se usan de manera colectiva”, agrega.
Descanso
A las 10, llegó el momento de dejar la fase de Picasso para salir al recreo. “Esa es otra diferencia, porque los chicos tienen solo que dura media hora”, indica el profe Matías Casacci.
En un patio con pasto y árboles, ahora si los gritos y risas logran escucharse a lo lejos. “Atrás de ese tronco nosotros hicimos una casita refugio para jugar; la construimos los chicos, no los adultos”, puntualiza Felipe antes de escapar a las corridas.
Mientras se divierten, en la cocina, la maestra Fanny Fagioli prepara cuatro jarras cargadas de té para el desayuno. A su ayuda vienen alumnos voluntarios para situar en el suelo las tazas, manteles y almohadones.
“Si bien los chicos ya comieron en sus casas, lo que se comparte es una colación. Ellos se encargan de llevarla adelante; cada uno tiene una tarea y esta va rotando cada semana para que participe el total”, explica.
Esos minutos -cara a cara, degustando en redondel unas tortillas o galletas- son casi un tesoro. Sin embargo, ya con la panza llena y los vasos vacíos, las clases deben continuar. Con el mismo sistema, otro pequeño se levanta gustoso para recolectar los utensilios vacíos en un cajón y de a poco las migas desaparecen con el esfuerzo grupal. A partir de ahora, viene la hora de Ciencias.
Currícula
Según la edad, las actividades se dividen entre los niños que van de jardín hasta primer grado y aquellos que transitan de segundo a sexto. En la semana, hay horas dedicadas a la escritura rítmica (con ejercicios de aprestamiento y música tradicional de varias partes del mundo), algunas sesiones de yoga y danzas circulares.
“Estas últimas tienen un sentido 'espiritual' porque el objetivo consiste en transmitir tradiciones que provienen de distintos destinos. Por ejemplo, hicimos danzas japonesas o alusivas a los casamientos hebreos e irlandeses”, detalla Pelli.
En Inglés se aprende con música, poesía o juegos y dentro de las Matemáticas y las Ciencias, el origami funciona como un recurso perfecto para desenmarañar complexiones animales o calcular ángulos a partir del plegado de avioncitos de papel.
“Un pilar de este tipo de enseñanza experimental es que los conocimientos deben hacerse vívidos y enfocarse en las experiencias. De ellas luego derivan o aparece en complemento las fórmulas o el contenido teórico; no al revés”, acota la maestra de nivel inicial y primario.
Por esta razón, el espíritu del juego, la libertad creativa, las dinámicas lúdicas y las artes plásticas cimientan cada asignatura y tema abordado. Para las instancias de lectocomprensión, en un rincón aguarda una biblioteca (modesta en proporciones, más no en calidad) con decenas de recopilaciones literarias, diccionarios y novelas.
“En lugar de manuales (en los cuales la información llega adaptada) utilizamos enciclopedias y textos de divulgación científica. Y las lecturas son con obras clásicas idénticas a como las escribió el autor. La decisión tiene que ver con que sean los propios chicos quienes resignifiquen los textos a medida que crecen”, explica el equipo de profes multitarea.
“La gente podría creer que no van a entender lo que se explica por las palabras técnicas o complejas. Sin embargo, lo hacen porque contrastan lo oído con otras vivencias o situaciones. La tarea del docente es responder a sus preguntas cuando surjan y orientarlos en ese contacto con el conocimiento”, reflexiona Pelli.